Dime que embarazo tuviste y te diré de qué enfermedades vas a padecer

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El embarazo es un momento especial tanto para la madre como para el bebé, una experiencia muy singular para ambos que sólo se vive en esa ocasión y no se vuelve a repetir.

Cada embarazo es único y nunca es igual a otro, eso bien lo saben las madres.

Probablemente sea el momento de la vida más importante para el futuro ser humano, dado que en tan solo 9 meses se programa la genética que deberá llevar para el resto de su vida, con sus factores más protectores para las enfermedades, pero también con otros factores de mayor riesgo.

La herencia genética que aportamos a nuestros hijos no es sólo la que heredamos de nuestros padres, existen cambios epigenéticos, o dicho de otra manera, moduladores genéticos producidos por nuestro estilo de vida que cambian nuestras características genéticas listas para ser heredadas, para bien y para mal.

Por ejemplo, se ha visto que si tanto el padre como la madre llegan al momento del embarazo fumando, con diabetes u obesidad, la programación genética y metabólica generada en ese ambiente más tóxico durante el embarazo se ve alterada, y en consecuencia existe más riesgo de que esa nueva vida herede el riesgo de padecer tanto esas patologías como sus consecuencias.

En el caso concreto de obesidad y embarazo se asocia para la madre a mayores tasas de infertilidad, abortos, diabetes gestacional, HTA o preeclampsia, parto pretérmino (prematuridad del bebe), complicaciones durante el parto o más riesgo de cesárea o complicaciones postparto (tromboembolismo venoso, infecciones, depresión postparto).

Pero la nueva vida que nace tampoco se libra de los problemas de haber estado expuesta a la obesidad de la madre o a su mala alimentación durante el embarazo, dado que los bebes nacidos de madres con obesidad presentan más riesgo de malformaciones congénitas, asfixia y muerte antes del parto, mayor peso y tamaño (mayores complicaciones durante el parto), asma y patologías cardiovasculares futuras por mayor riesgo de diabetes, obesidad, HTA.

Pero esto no concierne solo a la madre, dado que un mal estilo del padre también provoca estos cambios epigenéticos en la programación genética de sus gametos, aportando esta genética a su futuro hijo/hija sin que éste/a haya tenido culpa si algún día presenta diabetes, obesidad o problemas cardiovasculares.

Evidentemente que los estilos de vida de los padres no solo provocan consecuencias en la programación genética de sus hijos en el momento de la concepción, sino que además esta predisposición heredada junto con un mal ejemplo de estilos de vida en casa durante su infancia todavía produce una potenciación de ambos factores y un mayor riesgo para ese niño, que tenderá a tener mayor obesidad y más riesgo de enfermedades cardiovasculares y cáncer en la edad adulta.

Por otro lado, ser constante en tener buenos hábitos alimentarios (dieta mediterránea), realizar ejercicio físico, mantener un peso adecuado, no fumar y tener equilibrio emocional aporta de forma inversa un beneficio a nuestro organismo que nos previene de riesgo de enfermedades futuras (cardiovasculares y cáncer), y prepara una carga genética a nuestros hijos mucho más saludable.

Transmitir esta buena predisposición genética antes y durante el embarazo, favorecer la lactancia materna (en detrimento de la fórmula artificial) y dar ejemplo en los buenos estilos de vida a nuestra descendencia es el mayor regalo que podemos hacer, y además es gratis.

La memoria metabólica de nuestro organismo no perdona si no nos cuidamos, en cambio es muy agradecida si tenemos hábitos saludables y equilibrio en nuestro día a día.

Por tanto, somos lo que comemos y lo que hacemos en nuestras vidas, pero no solo repercutirá en nosotros, sino en las vidas venideras.

No tiene sentido querer lo mejor para nuestros hijos y protegerlos de cualquier mal si no somos capaces de cuidarnos nosotros primero.

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