Tópicos erróneos en diabetes

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La diabetes es una enfermedad muy frecuente, sobre todo en el mundo occidental. Se estima que 425 millones de personas adultas han vivido con diabetes en el pasado 2017.

Una parte muy importante del tratamiento de la diabetes es una adecuada comprensión de la enfermedad y la implicación de los pacientes en su tratamiento. En el saber popular aún existen algunos mitos falsos que dificultan que las personas con diabetes hagan un correcto tratamiento de su enfermedad. Por eso, en este artículo intentamos explicar y desmitificar los más frecuentes.  

 

Con respecto al diagnóstico

“Tengo el azúcar un poco alto, pero no soy diabético”

Tener el azúcar (o glucosa) elevado en sangre no es una condición normal en ningún caso. En función de lo alto que esté podemos hablar de diabetes (si está por encima de 126 mg/dl) o prediabetes (con valores entre 100 y 125 mg/dl). En cualquiera de las dos situaciones debe consultar con el médico ya que el azúcar alto puede tener efectos perjudiciales a largo plazo y obliga a tomar medidas.

“Como no me pongo insulina, no soy diabético”

El diagnóstico de diabetes no depende del tratamiento que tomemos, sino de unos criterios establecidos científicamente (uno de los cuales es tener la glucosa en ayunas por encima de 126 mg/dl).  Por tanto, se puede ser diabético tanto si tomamos pastillas, como si necesitamos insulina, como si nuestro único tratamiento es la dieta.

"Comer muchos dulces provoca diabetes"

Esta afirmación es cierta solo en parte. Uno de los factores de riesgo más importante para desarrollar diabetes (tipo 2) es el exceso de peso y comer muchos dulces hace ganar peso. Sin embargo, esto no quiere decir que el azúcar de los dulces sea directamente responsable de la diabetes. Hay personas que toman dulces y no son diabéticas, y personas diabéticas que no toman nunca dulces. Además, la obesidad no es la única causa de la diabetes, existen otros factores como la genética, la falta de actividad física...

Por otro lado, existe un tipo de diabetes, la tipo 1, cuya aparición no tiene relación con el estilo de vida. En estos pacientes el problema está en que su sistema inmune destruye las células que producen insulina.

“No me pongo insulina, tengo la diabetes buena”

No hay ninguna diabetes buena. La diabetes que se controla con pastillas, es igual de grave que la que se controla con insulina y exige, de la misma forma, un seguimiento adecuado. En cualquiera de las formas de diabetes la glucosa permanentemente elevada implica riesgo de complicaciones a largo plazo. El desarrollo o no de estas complicaciones dependen más del buen o mal control de la glucosa que del tipo de tratamiento utilizado.  

“Me encontraron el azúcar alto, pero ahora ya estoy bien”

Una vez diagnosticada la diabetes los niveles de glucosa pueden normalizarse gracias al tratamiento, pero esto no significa que "esté curada". En estos casos podremos decir que tenemos una diabetes muy bien controlada.

 

En relación al tratamiento.

“La dieta es monótona y aburrida”

En realidad, la alimentación de una persona con diabetes puede ser tan variada como se desee. De hecho, la dieta que debe seguir es tan normal, sana y equilibrada, que es muy similar a la recomendada para cualquier persona que desee alimentarse de forma saludable. No se trata de suprimir alimentos, sino de distribuir a lo largo del día, de forma correcta, los alimentos que contengan hidratos de carbono. Por esto es importante tener nociones elementales sobre los alimentos. Cuantos más conocimientos se tengan más variadas, apetecibles y adaptadas a sus gustos serán las comidas que pueda realizar.

“No debo comer legumbres, pan, plátano, melón,… porque tengo diabetes”

Los únicos alimentos prohibidos en la diabetes (y desaconsejables también para las personas sin diabetes) son aquellos con alto contenido en azúcares simples y grasas saturadas (bollería industrial, dulces, patas fritas de bolsa, comida basura...).

El resto de los alimentos, aunque contengan hidratos de carbono (o azúcares), no deben eliminarse de la dieta, únicamente debemos ajustar las cantidades al plan de alimentación recomendado.

“Puedo comer lo que quiera de los alimentos para diabéticos”.

Esto no es cierto. Aunque no lleven azúcares añadidos, estos productos contienen otros tipos de de hidratos de carbono que también suben el azúcar en la sangre. Por ejemplo: el harina en el caso de la repostería o el azúcar natural de la fruta en el caso de las mermeladas... Además, muchas veces estos alimentos llevan un exceso de grasa que es añadida para darle más sabor. Por esto, es imprescindible una lectura adecuada de la etiqueta con la información nutricional y en caso de duda, solicitar consejo a tu médico o nutricionista.

“Si me pongo insulina o me tomo pastillas no necesito preocuparme por la dieta” 

Esta idea es totalmente falsa. El plan de alimentación es una parte fundamental del tratamiento, de modo que ni las pastillas, ni la insulina, lo sustituyen. Es más, para que las pastillas o la insulina consigan controlar bien los niveles de azúcar es imprescindible una buena alimentación.

“Como voy a comer más, tomaré más pastillas”

La medicación para la diabetes no debe modificarse arbitrariamente, sino en función del resultado de los controles y análisis. Muchas de las medicaciones de la diabetes tienen un efecto a largo plazo y sostenido, por lo que aumentar la dosis en una comida en concreto no será de utilidad en esa comida y, por el contrario, puede producirnos efectos secundarios.

“Si me pongo insulina mi cuerpo se volverá dependiente de ella”. “Si empiezo tratamiento con insulina, me volveré diabético de verdad”. “Con la insulina, me quedaré ciego”

La insulina es una de las muchas hormonas que produce nuestro cuerpo y, como tal, es necesaria para sobrevivir. Por ello, cuando nuestro cuerpo deja de sintetizarla o no hace bien su función, es necesario administrarla desde fuera. Por tanto, cuando se decide iniciar tratamiento con insulina es porque sin ella no vamos a conseguir controlar la diabetes de forma adecuada. Y si no controlamos los niveles de glucosa en sangre, existe más riesgo de desarrollar complicaciones como fallo del riñón o ceguera. La insulina no produce ceguera, es la falta de insulina (cuando se necesita) la que aumenta el riesgo de quedarse ciego.

"No me hace falta hacerme controles para saber cómo tengo el azúcar, yo noto cómo estoy"

Los controles de glucosa capilar (los que se hacen en el dedo) son parte imprescindible del tratamiento de la diabetes, ya que nos ayudan a evaluar si el tratamiento que estamos dando es correcto. Existen múltiples estudios que demuestran que aquellos pacientes que hacen y apuntan los controles tienen un mejor control de su diabetes. Además, la mayoría de las veces, tener el azúcar alto no produce ningún síntoma, por lo que si no hacemos control no sabremos que estamos altos. Incluso, los síntomas de hipoglucemia (bajadas) pueden ser confundidos con otras situaciones, como tener la tensión baja.

 

En relación a las complicaciones.

“Cuando tengo una hipoglucemia, aprovecho para hartarme”

Esta no es una actitud adecuada. Para tratar la hipoglucemia la mayoría de las veces basta con 10 a 15 gramos de azúcar, lo que equivale a 2 sobres de azúcar o medio vaso de refresco azucarado o zumo comercial. La ingesta de mayores cantidades suele provocar "rebotes" posteriores que desestabilizan el control. De hecho, en los últimos años se está observando, que para un control adecuado es tan importante la media de la glucosa, como el evitar estos "picos" de hiper e hipoglucemia.

“Si controlo bien el azúcar, no es importante la tensión arterial ni el peso”. “El tabaco no tiene nada que ver con la diabetes”

La diabetes supone un aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares (infarto de corazón o cerebral). Este riesgo se multiplica por el tabaco, la hipertensión, el colesterol elevado y la obesidad. Por ello, tan importante como conseguir unos niveles adecuados de glucemia, es tener controladas el resto de factores de riesgo cardiovascular (tensión, colesterol, tabaco).

“Me siento mejor cuando tengo el azúcar alto que cuando está bajo”

Es cierto que, en general, tener la glucosa alta no produce síntomas a corto plazo; pero debe recordarse que el azúcar alto actúa silenciosamente favoreciendo el riesgo de tener complicaciones a largo plazo.

“Si me levanto con una glucemia normal estoy bien controlado”

El buen control implica que a lo largo de todo el día (y no solo al levantarse) se tengan glucemias próximas a la normalidad. Por ello, los profesionales recomendamos realizarse controles de glucosa no solo en ayunas, sino también después de las comidas.

 

Si eres diabético o tienes algún familiar con diabetes y tienes alguna duda, no dudes en contactar con nosotros.

 

Marta Iturregui Guevara, adaptado de la Sociedad Española de Diabetes.

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