Cuando la palabra cáncer no hace honor a su nombre

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Siempre que se menciona la palabra “cáncer” en nuestras conversaciones viene asociado con aspectos muy negativos entre los que se encuentra el dolor, sufrimiento, desánimo, desesperanza…; pero también es un punto de inflexión para muchas personas de sacar lo mejor de sí mismas, destacando en ellas las palabras de lucha, fortaleza, optimismo, unión social y familiar.

Si a esta palabra le ponemos el calificativo o apellido “tiroideo”, el sentido de la palabra va perdiendo fuerza.

El cáncer de la glándula tiroides supone el 1% de todos los cánceres existentes y es el más frecuente de todas las neoplasias endocrinas. El 85-90% está constituido por tejido de estirpe folicular diferenciado, siendo el carcinoma papilar en 1º lugar y folicular en 2º lugar los más frecuentes.

La forma de presentación habitual es en forma de nódulo tiroideo palpable y/o diagnosticado en prueba de imagen de forma incidental (realizada por otro motivo).

Aunque la prevalencia del nódulo tiroideo es alta en la población general (5-50%), dado que aumenta con la edad y más en las mujeres,  el 90-95% de los casos son benignos.

La incidencia de cáncer de tiroides en las últimas décadas se ha incrementado de forma exponencial más de un 300% a nivel mundial por mayor diagnóstico incidental por pruebas de imagen realizadas por otros motivos, pero la mortalidad ha permanecido estable desde 1975, incluso ha ido disminuyendo un 44% en algunas series, siendo su tasa actual entre 0,2-1,2 por 100.000 habitantes.

Se diagnostica cada vez más, pero la mortalidad disminuye también cada vez más. Los motivos de estos datos se explican por los siguientes motivos:

  • El 80-90% de los cánceres tiroideos son de estirpe folicular siendo en la actualidad los que mejor pronóstico tienen con las herramientas terapéuticas que disponemos hoy en día, y las que están por venir con los estudios cada vez más frecuentes de asociaciones genéticas específicas de cada neoplasia para individualizar mejor los tratamientos.
  • El comportamiento del cáncer tiroideo en general en bastante benévolo dado que su progresión es muy lenta y puede permanecer estable durante varios años sin realizar ningún tratamiento específico. De hecho, sólo el 1% de los cánceres tiroideos de tipo papilar menor de 1 cm (microcarcinomas) tienen una conducta agresiva (con metástasis locales y más raramente a distancia), mientras que el resto se comportan de forma más indolente, incluso muchos microcarcinomas papilares tiroideos se encuentran en las autopsias de cadáveres de pacientes fallecidos por otros motivos que desconocían la presencia del mismo en vida.

Ya en Japón tienen estudios de seguimiento a más de 20 años de vigilancia activa sin tratamiento (sin cirugía ni radioyodo) sin aumento de morbilidad ni mortalidad y con riesgo de progresión menor al 10% de nódulos de hasta 1,5 cm, y es a estos a los que se les intervenía a modo de rescate con éxito y sin fallecimiento de ningún paciente.

  • El diagnóstico cada vez es más precoz y la curación es más alta y más duradera, incluso con intervenciones más conservadoras y menos agresivas.

Aunque estos datos apoyan al optimismo en este tipo de cáncer en términos generales, no todos los cánceres tiroideos son iguales ni tampoco su comportamiento, dado que los factores genéticos asociados y/o factores riesgo/ ambientales expuestos en la vida del paciente pueden modificar esta tendencia en algunos casos.

Aunque el cáncer tiroideo no hace honor a su nombre por sus características pronósticas, siempre es recomendable individualizar cada caso y estudiar la enfermedad en cuestión, abordar el mejor diagnóstico y realizar el mejor tratamiento con el objetivo de un mayor éxito de curación y durabilidad de éxito a lo largo de la vida de la persona que lo sufre.

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Daniel Cabo Navarro - Doctoralia.es